El babayu

Luis Enrique es un personaje peculiar, no se sabe con certeza si está  enfadado o no. A veces interrumpe su diatriba admonitoria y sonríe. Como su cara no está acostumbrada a ese proceso disruptivo, forma un extraño rictus, trufado de boca grande rodeada de mil arrugas, como si hubiera vuelto a sufrir el codazo de Tasoti.

Yo soy merengón irredento, como saben algunos de mis lectores y Cuando Luis Enrique abandonó el templo del futbol para asalariase con ese equipo segundón que mora por el nordeste de la península, sentí como si una navaja albaceteña de de cien estallos, me hubiera traspasado los adentros.

La cosa no acabó ahí, Luis Enrique poseído de un profundo frenesí, comenzó su campaña contra el equipo que le había encumbrado. Después fue nombrado seleccionador nacional de futbol, español, claro.

Yo siempre intuí que seguía siendo merengón, como cuando Etto emprendió un camino semejante¸ nos hacía  un gol y a continuación señalaba el todavía no sacralizado (injustamente), césped del Bernabéu y decía a la grada: yo tenía que seguir aquí.

Sufrió, Luis Enrique, un percance familiar muy duro, que lejos de agriar su carácter, no influyó en su forma de encarar la vida. Pero es curioso, le oí pronunciarse sobre cuestiones para mí importantes ,con sencillez pero sin ambages. Podría haberse apuntado a la moda de la progrez, que es a la que se apuntan muchos caras, para hacerse perdonar su tren de vida. Tengo un Aston Martin, pero mi libro de cabecera es El Capital.

Butragueño no era así, el hijo del perfumista le contestaba a un plumilla: ¿patriotismo, eso qué es?. Así que sus goles dejaron de interesarme. García decía de vez en cuando: incapaz de una buena acción o de una mala palabra.

Muchos asturianos, que tienen un arte especial para motejar y son considerados por su gracia, los andaluces del norte, dirán, Luis Enrique yé un babayu. A mí no me lo parece.

Un tío mío, muy ovetense, decía del entonces presidente del Oviedo: yé un bombín. Es decir en su cabeza entra aire y sale aire.

Pero, valga este exordio, para ir al grano. A Luis Enrique le odian muchos periodistas porque no les hace la pelota. Y como van a consentir semejante desafuero los eximios representantes del Cuarto Poder. Yo recuerdo haber oído a un periodista deportivo, ya fallecido, decir sin asomo de decoro: lo ha dicho un periodista y se acabó. Con dos cojones.

Claro que ahora las grandes empresas editoriales andan a la greña, más que nada por aquello de la cuenta de resultados y fabrican en dos días, creadores de opinión a los que nadie conoce. Según dice Rodríguez de Mon… y quien coño será este Rodríguez de Mon?.

De  todas maneras, los medios nacionales, casi todos, son subsidiarios políticos de las grandes rotativas americanas e inglesas, en menor medida. El capital americano que marca la línea editorial  a los medios, sabemos o debemos saber, a quién pertenece.

Luis Enrique es un verso libre, al decir de un político cursi y no sabe que ir a su aire, sin importarle lo que opinen los periodistas  es un delito de lesa desfachatez.

Solo por eso, me cae bien Luis Enrique y además les hemos metido siete a los compañeros de Keylor. Como los principios de algunos son como los de Groucho Marx, hoy empezarán a encontrarle hasta guapo. 

Gracias por las visitas a este blog registradas ayer. rx, hoy empezarán a encontrarle hasta guapo. 

Gracias por las visitas a este blog registradas ayer.

3 comentarios sobre “El babayu

  1. Muy buen artículo con tema de fútbol. La colosal victoria de ayer, necesariamente había que resaltarla. Un buen contenido y una cuidada forma, pero no me considero una experta en este campo. Luis Enrique siempre me pareció un pelin prepotente!!!!!

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  2. La verdad es que si, algunos con la mente en blanco, le empezamos a ver más guapo despues de lo de ayer, pero como no nos gane este mundial ,no ceo que le deje volver a ese hueco del mismo color en mi corazón.Démoles una oportunidad para volver a el.

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