La mamá de Daniel

Han pasado cinco años desde que Daniel Mateo, nos hizo ver que España había muerto.

Es de agradecer, porque los mansos, los buenistas de extremo centro, los intelectuales y los estómagos agradecidos, se sintieron conmovidos al saber que Daniel Mateo en un frío y estudiado ataque escatológico, había sonado sus excrecencias nasales con la bandera de España.

Los buenistas y demás conmilitones, esos que nunca pierden, volvieron a su confort, a sus dachas físicas y mentales, y aquí no pasa nada.

Cosas de Wayoming o como se escriba ese infame nombre de platò infecto y maloliente.

España digo, murió en una larga agonía y ahora solo queda su historia y un puñado de románticos que huelen, que olemos, a la peor naftalina que es aquella que está envuelta en la tristeza y el deshonor.

A Mateo, al parecer lo procesaron, pero llegó, firmò y fuese como diría un clásico. Y hasta hoy.

Aquella noche, los españoles recibieron una llamada, como de médico de guardia de hospital, anunciando que el paciente habia sido sedado para que su agonía fuera lo más llevadera posible.

Decía y repito que aquello fue un hecho histórico, como la Noche Triste de Cortés o los ayes lastimeros de la monjas torturadas y escarnecidas.

Pero España, en realidad había muerto antes. Vivía una vida asistida por unos cateteres apócrifos, enganchados a esa máquina manipuladora, entregada y asquerosa que es la televisión.

Mateo y Wayoming, simplemente y como monosabios o mulas de arrastre, llevaron al otrora orgulloso toro español al despeñadero de la historia. Como antaño hicieron aquellos barbaros en la serranía de Ronda, despeñando a 512 personas.

Pasados cinco años Mateo dice que su mamá sufrió mucho porque la insultaban por la calle. A el no pareció importarle que muchas madres sufrieran al ver despedazados a sus hijos por bombas asesinas, simplemente por el hecho de defender la bandera que el mancillaba.

Han pasado cinco años, periodo de tiempo en que muta la piel, los matrimonios flaquean, la neuronas envejecen. Cinco años que ha pasado de aquel deshonor, sin que como dice un amigo “nadie le haya bajado una ceja”.

Lo siento por tu señora madre, Mateo, a quien no conozco, pero me uno al coro de invectivas a cinco años vista: fuiste un hideputa. Lo eres?

Felipe García Casal.

4 comentarios sobre “La mamá de Daniel

  1. Efectivamente, un hideputa, como el director del programa que es “grandideputa”
    Ambos con la gracia en el culo.
    La más despreciable condición que puede adornar a dos sujetos que viven de sus “gracietas” como ciertos insectos viven de rodar bolas de bosta por los caminos de una España que ya huele a estiércol.

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