Para que queremos al Ejército o carta abierta y extensa a un analista de inteligencia

Hace unos meses, pocos, cenaba con un grupo de personas . A mi lado estaba una señora, médico de profesión, ya jubilada. Al conocer mi condición de militar retirado y no se bien por qué, me obsequió con una exposición de motivos por los cuales el Ejército debía acabar con una situación política, social y económica, caóticas a su entender.

Argüí que debería releer el artículo octavo de la Constitución del 78 en el que se establece cuál es la razón de ser de las Fuerzas Armadas.

Deduje, que pese a su formación académica, a la buena señora lo que verdaderamente le importaba es que no se pusiera en peligro su status social y económico.

Aquello me molestó, porque interpretaba que las FAS, eran un instrumento de fuerza a su servicio, sin cerebro y sin pulso propios.

Estuve a punto de decirle que había en marcha una acción que llevarían a cabo militares de izquierda, para, emulando a Mendizábal, despojar a los ricos de sus bienes y repartirlos entre “el pueblo”.

Como a la señora que nos ocupa podría darle un vahído, opté por el silencio marcial y respetuoso.

Esta pregunta se repite últimamente mucho y a mi me produce un hastío infinito contestarla. Incluso se lanzan en las redes informaciones de “falsa bandera” que hablan de reuniones de generales para no se que.

Una última reflexión y paso a transcribir un artículo escrito por mí y nunca publicado : queridos compatriotas, solucionen ustedes sus problemas. En los 80 caíamos como ratas y ustedes cuidaban de su hipoteca y de las vacaciones en Chipiona. Voten y que Dios reparta suerte.

El artículo, con un estilo fruto de una mala noche, decía así :

Querido/querida “cabeza de huevo” :

En primer lugar, permíteme que me dirija a ti en estos términos, desconozco si eres militar o civil, hombre o mujer.

En cualquier caso, te imagino bajo el flexo, deglutiendo enormes cantidades de noticias proporcionadas por los “órganos de adquisición”, ese eufemismo tan de los servicios y como no, por la información “abierta” proporcionada por los medios de comunicación.

Qué inteligencia vas a hacer con toda esa información? Te vas a atrever a decirle al ministro del ramo que hay preocupación en las FAS? O crees, a la vista de los informes que manejas, que no hay tal preocupación?

Yo creo que si la hay. Pero nada que deba inquietar a la ciudadanía, ese término tan de actualidad que a mí me retrotrae a gorro frigio e infografía de logia.

No creo que ningún militar quiera “echarle chinitas al engranaje”, expresión utilizada por un compañero de ilustres apellidos que entre salto y salto de avión me contaba su experiencia como asistente a una reunión con ETA, en un hotel de Francia. No os molestéis, ya no vive, y no descubrió ningún secreto, era un gran patriota y un magnífico profesional. En aquel momento, de los servicios, creo recordar.

Pero, vamos a lo nuestro: como está “el engranaje”?

Claro que hay que armonizar el artículo octavo con el resto del articulado y no interpretarlo aisladamente, pero al margen de esta cuestión, no te parece que hay un gran desconcierto? . Uno no sabe ya si es autonomista asimétrico; patriota social; nacionalista de preámbulo; nacionalista de articulado; nacional sin estado; federalista confederado; várdulo de campanario; suevo de corredoira; celta de birrete o extranjero en las Ramblas.

Hay quienes recuerdan con razón “in claris non fit interpretatio” , pero lo cierto es que ya no hay nada “claris”.

Creo, analista amigo/a que el Ejército no es ningún problema, porque desde que está considerado como una de las instituciones más valoradas por los españoles, los medios lo ignoran, pero al menos no lo menosprecian.

No hay generales inquietos ( un conocido embajador me preguntaba cómo quien no quiere la cosa sobre esa posibilidad); no hay órganos escritos en los que se manifieste el pensamiento militar ( recuerda “la grande muette”; las asociaciones militares no tienen fuerza y hasta el presidente de una de ellas hace el ridículo en televisión peloteando a Oneto.

La Voz de West Point? Por favor….

Ahora es todo más racional y la tropa aplaude a los políticos en sus discursos, se les retiran los honores de ordenanza a los generales pero a los subsecretarios se les sube al podio, revista a quinientos hombres y preside el desfile de rigor.

Hay preocupación pero nada más.

Hombre, si acaso sienta mal que el ministro justifique una subida de sueldo humillando al decir “ el comandante del Príncipe de Asturias”, cobra menos que el director de una sucursal bancaria de pueblo”.

Pero bueno, sabemos que la delicadeza es deseable pero no exigible.

Por eso se entiende que en las primeras declaraciones como jefe del ministerio, se refiriera a los militares, como “”los uniformados”, ese término de manigua bananera que tanto gustan de usar juntaletras progres, más que nada por joder.

Y qué necesidad había de recordar que dos dictadores de la reciente historia de España eran militares, teniendo en cuenta que el partido al que pertenece el señor ministro, colaboró con el primero de ellos?

Que Indalecio Prieto intervino en la entrega de armas para los revolucionarios del 34 contra la Republica; que formó parte del Pacto de San Sebastián; que se integró en el Frente Popular?

Y la lucha “irregular” contra ETA? Y esto me rompe el alma tener que recordarlo, pero hay que ser puristas para todo.

El problema querido amigo/ a de la Cuesta de las Perdices no son las FAS, tú preocúpate de cuestiones de mayor calado : de “segundas transiciones”; de “heridas mal curadas”; de “recuperación de la memoria histórica” y cosas así.

La inefable y rabisalsera socia numeraria del Opus Dei, Pilar Urbano, acudió a Pitagoras en su libro “Con la venia, yo indagué el 23-F”, que, al parecer dijo “ lo necesario habita cerca de lo posible.

Hay alguien o algunos propiciando “lo necesario”?

Del 23-F no sé absolutamente nada y mira que he leído cosas.

Un director general de un importante grupo multimedia me dijo : aquí tenemos información importante sobre lo ocurrido” Coño que la publiquen.

Lo único relevante que te puedo contar al respecto es la contestación de Sabino Fernández Campo a la pregunta de una chica joven en una conferencia que aquel pronunció en La Coruña, sobre la lista que el general Armada iba a leer a los parlamentarios, sobre el futuro gobierno: “Hombre, a nadie le hacen ministro sin su consentimiento” . Tú mismo/a querido/a analista.

Alfonso XIII, cuando en Abril del 31 abandonaba palacio, exclamó: “ après moi, le deluge”.

Creo que ni las FAS ni el pueblo español quieren un nuevo “deluge”, pero como al parecer dijo Cromwell, y perdón por tanta cita, “Roguemos a Dios y mantengamos seca la pólvora”.

Si le pasáis a SM un “resumen de información” decidle que aprecie la lealtad de los “uniformados”, gente sencilla y noble pero difícilmente maleable.

Y que “tocar el cajón” en casa del adversario es tan obscenamente ineficaz como un concierto de gaitas en Triana. Tú ya me entiendes.

Y aquí acaba esta vieja misiva. Si usted cree que tiene algo de actualidad, me alegraría mucho. Y siempre gracias por leerme.

Felipe García Casal

9 comentarios sobre “Para que queremos al Ejército o carta abierta y extensa a un analista de inteligencia

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