Decían los viejos periodistas “no dejes que la verdad te estropee una noticia” y ahí estamos, dando pábulo a algo incierto pero posible.
Empecemos por “La loba”.
Me contaron hace tiempo que un joven mariquita ( perdón) harto de que en su pueblo le señalaran y le hicieran objeto de burlas, se alistó a una Unidad de fuste como era la Brigada Paracaidista.
Y cumplió como un león. Saltaba del avión cuando tocaba y no manifestaba ni un síntoma de miedo o preocupación.
Allí se le respetaba, como al “Feo” en La Legión, que también sufrió en su pueblo, tribulaciones semejantes.
Por la noche, después de que la corneta recordara con su estridencia habitual que había que guardar silencio, los compañeros coreaban en bajito “Loba, loba, loba…”
Un paracaidista ponía sobre las bombillas del techo, celofán rojo, y un magnetófono prediluviano dejaba caer ora un bolero, ora un mambo animoso.
Y “La loba” se contorsionaba entre aplausos y silbidos admirativos de sus compañeros.
Jamás tuvo nuestro héroe el más mínimo problema, salvo una vez que llegó a su Unidad un poquito “tomado”, al decir de un mejicano. Y no se le le ocurrió otra cosa que dirigirse a su cabo llamándolo cabo mio en lugar de mi cabo.
“La Loba” no era perfecto y con vinos, menos. Cuentan que la bofetada fue sonora e hizo retumbar el viejo caserón que hacía de cuartel en Alcalá de Henares.
Y es que un cabo en la Brigada Paracaidista, era mucho cabo de nuestro señor.
Pero al día siguiente y como si no hubiera pasado nada , saltó del avión porque tocaba y esa misma noche su actuación rozó la excelencia.
Me cuentan que en una de nuestras fragatas punteras, y ustedes me dispensarán por eludir nombres, me cuentan, que un cabo sintió un arrebato genético y elevó en tiempo y forma la suplica de que se le reconociera su inopinada condición femenina.
Súplica aceptada mediante el oportuno escrito del señor Almirante jefe de Personal.
Hasta ahí todo muy bien.
El estamento militar siempre es respetuoso con la ley y cuando esta no contempla en su totalidad la enorme casuística, pues parece que se eleva preceptiva consulta a los servicios jurídicos e incluso a un Observatorio que protege los derechos de nuestras soldadas y marineras.
Leer el escrito del Almirante da incluso para consultar a la RAE, a genetistas y sociólogos.
Dice el mencionado oficio, que se reconoce lo solicitado por el antes cabo y que conservará, además de los derechos adquiridos, el nombre de pila, pero con una curiosa salvedad. Antes era D. Pedro y a partir de la entrada en vigor del escrito, será reconocido como “doña Pedro”.
Pues muy bien y a lo que ordene el señor Almirante.
Pero héteme aquí, que las mujeres, de natural quisquillosas, no quieren a “doña Pedro”, ni en los mingitorios , ni en las duchas , ni tampoco en los sollaos a ellas destinados.
No puedo evitar una grosería, en parte porque fue un Nobel, Cela, quien aludió a la enormidad del “cipote de Archidona”, que en el caso de adornar semejante dimensión a doña Pedro, eso sería indisimulable.
Quiera Dios que la agitada situación política y militar no afecte a la fragata y que la controversia se solucione salomónicamente, que podría pasar por destinar a doña Pedro a una confortable oficina en tierra.
Mira que si eso es lo que busca la pillina doña Pedro….
Cómo se echa de menos a “La Loba”, que no llegó a tiempo al proceso de liderazgo, resiliencia y humanización que nos preside.
Si usted piensa que este artículo es flojo, pues tiene usted razón, pero como decía Baudelaire “no se puede ser sublime sin interrupción”
Y no es que haya sido sublime nunca, pero quería colocar esta frase, para justificarme.
Felipe García Casal . Coronel de Infantería( R)
XXIX Promoción de la Academia General Militar.
Me he reído un poco, quizás por no llorar.Abrazos
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Gracias lmolih. Abrazo.
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Sillín es a sillón como cojín (no sillón) es a equis; me importa 3 X…
Abrazos.
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Que me cierren la edición…Abrazo.
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