Por qué he cambiado de partido

Y usted dirá, a mi que puede importar lo que usted vote. Y tiene razón.

Mi voto no vale ni el de Gonzalito Miró, que no se sabe bien qué valores atesora, cherchez la mère, o el de Ramoncin, pongo por caso.

Pero mi voto es mío.

El hecho de meter un papelico en la urna puede obedecer a diversos condicionantes, unos reflexivos y otros emocionales.

El mío siempre ha sido un voto pragmático, a través del cual buscaba lo que creía mejor para mi patria.

Votaba con cierto sentimiento de duda y una pizca de remordimiento. Pero siempre a los mismos.

Al mismo partido que equivocadamente o no, me designó en su momento para organizar la policía, autonómica o adscrita ( no estaba claro), en calidad de subdirector general y jefe “técnico” de la misma.

Se optó por el modelo de policía adscrita, lo que suponía un considerable ahorro en las arcas autonómicas.

El proyecto era sugerente y no me resultaba ajeno, por cuestiones que no vienen al caso.

Fui también jefe de prensa del partido en un municipio importante .

Con ello quiero significar que estuve hasta las trancas en sus filas.

Nunca seré como un periodista, antiguo jefe de prensa de la Guardia de Franco y padre de una presentadora de éxito en un programa del corazón, al que le sobrevino una enorme dosis de democracia. Tan grande como su indisimulable acento galaico, que le acompañó hasta la jubilación.

Ni seré como un montañés de pro , hombre de anchoas, que en sus locos momentos juveniles , no se quitaba la camisa azul, ni para bañarse en las frías aguas del Sardi.

Estos casos y muchos más por todos conocidos, nos hacen recordar que rectificar es de sabios. O de cagones, vaya usted a saber.

En mi caso, no concurre ningún factor de los citados. No soy Diego Valor ( ¿se acuerdan?), pero tampoco soy el felón. Me refiero a Fernando VII, no piensen mal.

Lo mío ha sido una defección silente, dolorosa y un poco traumática.

Desconfío de la gente práctica, me da mala espina esa gente que, como Mariano, buen gestor, no veía más allá de la economía.

Arreglan en parte los dineros, pero por pereza o por considerar fútiles o cosas de gente simple, olvidan cuestiones de fondo que tarde o temprano asoman a la superficie.

Y ahí están los de siempre, abrevando en las escuálidas ubres del Estado y amenazando con volver a las andadas.

A ese partido al que voté y me otorgó su confianza para cuestiones de cierta importancia, le digo adiós, que dada mi edad, será definitivo.

No podría dormir tranquilo sabiendo que mis, hasta ahora conmilitones, han hecho a Carrillo hijo adoptivo de Gijón, o que han votado favorablemente al derribo de una cruz.

Como dicen mis nietos “ Ciao pescao”

Felipe García Casal. Militar y escritor.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar