Leía yo hace un par de días una entradilla que decía “¿por qué los reyes no van a los Goya?”.
Por un instante me temí lo peor.
Creo que doña Letizia tiene nuevos edecanes o secretarías particulares, que no sé cómo en realidad se llama la cosa.
Es posible que formen parte de las consejeras áulicas de talante moderno que indicarán a la aconsejada los truquillos para llegar al pueblo y ganar su corazón.
Eso es complicado, porque el pueblo además de soberano es raro. Doña Sofía o Fabiola o la reina de Suecia ganaron el cariño de los suyos sin apenas esfuerzo. Creo que ni iban a los cines en sesión de noche con sus augustos esposos.
Lady Diana Spencer lo consiguió en una extraña mixtura de chica de su tiempo que se daba al twist con Travolta o entornaba los ojos de manera adorable y humilde.
Misterios, “charme”, encanto natural…ni idea.
Después de este exordio, retomo el asunto.
Por favor majestades , no asistan a “los Goya”. No sucumban a ninguna pulsión de monarquía integradora y sin prejuicios.
No van a sacar nada en claro.
Sì anunciaran su asistencia, los viejos frente populistas, ahora travestidos de demócratas y traicionando a su amado líder Largo Caballero, afilarían sus lápices y su legión de periodistas y gacetilleros afectos, estrujarían sus magines para conseguir que los galardonados pronunciaran la frase más ingeniosa y aparentemente inocua. Aparentemente.
Con relación a los augustos invitados, claro.
Todos reirían y la derecha blandengue y contemporizadora aplaudiría. En fin, lo de siempre.
A mi me pasa con los Goya lo que al rojerío con las demostraciones gimnásticas y sindicales con asistencia de Franco. Hastío.
O a Rajoy con los desfiles militares, que materializó en aquella frase memorable “que coñazo”.
Digo yo, que habiendo sido ministro del Interior y mandado guardias civiles que murieron asesinados por centenares, debió ser más respetuoso o al menos cerciorarse de que los micrófonos o cámaras que captan hasta el lenguaje corporal, estuvieran apagados.
Lo mismo que Zapatero con su cuate Gabilondo y aquello de la necesidad de “crear tensión”
¿Y lo de Nüremberg? , pues nada, una referencia histórica y dramática sobre hechos indeseables y que los medios, la filmografía y la propaganda, recuerdan constantemente para escarnio de unos y advertencia para otros.
Lo de Rubiales/Jenni, nada que ver sobre lo juzgado, por supuesto, pero la prolongación mediática y en cierta medida judicial nos hacen retrotraernos a aquel proceso.
A aquellos, no a todos, los colgaron ; nuestro impulsivo y amoroso calvo, como la cosa venga chunga, termina en chirona.
De la que se libró Casillas, claro que era campeón del mundo y Sara, su novia. O pareja, que me lío un poco con la neolengua.
Felipe García Casal. Militar y escritor.