Jose Bono y los sicofantes

Bono ha presentado libro y eso está muy bien.

No llegará al éxito editorial de las memorias de Azaña, ni al de Gil Robles y su “No fue posible la paz”, pero menos da una piedra.

A mí su entrevista a vuela pluma en plena calle me ha dejado perplejo.

La defensa que ha hecho de Sánchez entra dentro del género bufo y da para un manual de tauromaquia, con manoletinas, pases de pecho, montera al tendido de sol y pasodoble airoso y vibrante.

Bono es un personaje de ruedo ibérico, pero no de la revista, sino de pícaros, fuleros y vendedores de mulas averiadas, en esta feria de vanidades en la que se ha convertido España.

Quienes le conocen por edad, por haber leído sus soflamas políticas y patrióticas, deben de estar estupefactos, con el peor de los estupefacientes, que es el que te hace perder la visión de la realidad y te sumerge en un cinismo del que ya no se quiere salir.

Bono fue junto a Narciso Serra,el peor de los ministros de Defensa, porque vino, como un alquimista, a cambiar el alma de las Fuerzas Armadas a las que nunca entendió ni quiso.

Ahora, allende los mares, vuelve y nos presenta un libro, que habrá que leer y subrayar, para cuando tengamos un día sin mayor actividad, reírnos un poco y consultar hemerotecas.

Ya nos habíamos olvidado del “señor X” y este manchego peculiar y “gran tenedor” nos lo vuelve a recordar sin , aparentemente, venir a cuento.

Los que por edad o por falta de lecturas no sepan a lo que me refiero, que consulten periódicos, revistas, libros de la época.

Bono ha querido subir al carro de Sánchez y al suyo propio, a personajes de su partido controvertidos y criticados en su momento pero que todavía gozan de cierto predicamento social, porque para eso está la propaganda política.

No creo que González sienta el arrobo y la admiración que Bono, súbitamente, ha querido transmitir sobre Sánchez.

Ni Paco Vázquez, ni Corcuera, ni Redondo,ni muchos otros, que ya ni reconocen al partido socialdemócrata que pretendió ser y que ahora, no es sino un mal remedo de sí mismo, una caricatura invertebrada, con una hidrocefalia que nos recuerda tristemente, a la hija del poeta chileno, repudiada y abandonada.

Page no, Page critica bajito, mirando de reojo el teléfono por si el boss le llama a capítulo.

Bono, que tiene experiencia y no es tonto, sabe que la sombra protectora de Sánchez le puede ser útil. Y Sanchez, de momento es todopoderoso.

Ni el software israelí, ni Marruecos, ni los tribunales, ni la Fiscalía, ni el Constitucional consiguen desdibujar la sonrisa de un personaje que, llegado el momento, hace de menos al Rey y se cisca en los millones de españoles que están, estamos, al otro lado del muro que él erigió y que cada día parece más alto y más siniestro.

Pues a esa sombra se ha arrimado Bono, el sabrá por qué.

Ha llamado sicofantes a los medios que critican a Sánchez , pero ha olvidado a los turiferarios que durante décadas rociaban con el incienso de ditirambos estomagantes a su partido y a su amado líder.

Unos, los menos, por convencimiento, otros, esperando la porción de la tarta publicitaria.

Se le echaba de menos, como a las enfermedades de larga duración o como aquella señora catalana que añoraba al demonio que, durante un tiempo la había poseído.

La vida es tan curiosa y tan cambiante que el día menos pensado vemos a “Pepe Bono” comiendo con Federico en Lhardy o despachando unos huevos fritos en el Arco de Cuchilleros, que es maj (sic) popular.

A los jóvenes o desmemoriados les digo y recuerdo, que Federico Jimenez Losantos dedicó largos editoriales y programas a este manchego que no es precisamente Alonso Quijano, sino más bien el dueño de la posada donde unos malandrines hacían mofa y escarnio del iluminado y noble desfacedor de entuertos.

Claro que, que la “posada” de Bono, allá por Dominicana, tendrá ahora las mejoras propias de su tiempo y que la política, de ser esta prolongada, suele proporcionar.

NB.

Obispo a cuatro patas y con zapatos femeninos de tacón alto, pasquin anunciador de festejos carnavalescos.

Monseñor Argüello y sus mitrados asesores, que yo sepa, ni mu.

Será por aquella institución de Derecho Canónico que aconsejaba el silencio.

Digo yo.

Felipe García Casal. Militar y escritor.

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