Hago mía la feliz y protectora denominación de un general nacido en el golfo artabro, de escasa estatura y valor y honestidad personal reconocidos.
La denominación como habrán adivinado es de Alfonso Ussia y supone un quiebro a la admonición y pena añadida para quienes exalten la figura del hombre que “tenía baraka”.
Toma circunloquios.
Valga lo anterior para centrarme en los loros y cotorras que es de lo que se trata, y que nadie tema un tratado de ornoescopia.
No, simplemente contarles mi atonía ante las tertulias televisivas y de fondo político que han caído, en su mayoría, en un piélago, donde moran seres de gritos, gestos despectivos, insultos y demás monstruos del diálogo español, al que alguien calificó como “un bombardeo de monólogos”
Diré , no obstante, que he conocido a un loro prototípico, inteligente, parlanchín y moderado bebedor de whisky.
Era un loro legionario y había sido enseñado para insultar a los oficiales de tropas nómadas ( españolas, claro )
Su frase favorita era, y ustedes disimulen, “guarrocabronhijoputanoooomada”
Silbaba y cantaba hasta aburrir y acompañaba los toques de ordenanza de tal forma que Louis Amstrong a su lado parecía un cornetín de feria anunciando quincalla.
Su humor era voluble y ya entrado en años y un tanto asirocado, contestaba de manera desigual a la pregunta: loro, ¿por quien mueres? Por la Legión, contestaba unas veces; otras, “por tu hermana”
Los vehículos de la VII Bandera legionaria y sahariana lo exhibían en unos dibujos negros y representativos.
Ahora sigo al loro Berritxu, que creo vive en el barrio donostiarra de Loyola.
Poco tiene que envidiar al loro legionario, que, no tenía nombre. Atendía por el genérico “Loro”
Berritxu también es inteligente y mantiene conversaciones cortas con su dueña Josune.
Hace poco hizo una escapada y fue localizado al cabo de dos días, sano y salvo, lo que supuso alegría y alivio para los miles de seguidores, entre los que me encuentro.
Luego están , como apuntaba, las cotorras: pequeñas, nada inteligentes, y cuya cháchara incesante e insustancial las hacen insufribles.
Estas últimas son el ejemplo de las cotorras , de aspecto humano, que asisten a ciertas tertulias.
Una de ellas, calificaba con rotundidad y enfáticamente, de genocidio u holocausto, no recuerdo bien, el régimen de Francisco Ferrol.
Un tratado político, sociológico, histórico, objetivo y sobre todo respetuoso.
Creo que estos especímenes son los siervos de la gleba de ciertos medios, que los utilizan para embarrar, ocultar y en definitiva mentir sobre la historia, a sabiendas de que lo hacen.
Recordar a Balbin y “La Clave” es un ejercicio de mortificación muy de estos tiempos, que más bien parecen de carnestolendas televisivas.
Felipe García Casal
Militar y escritor.