El alcalde de Barcelona y la Mercé.

Cuando los alcaldes eran designados directamente por el jefe del Estado en el regimen anterior, generalmente eran personas de reconocida probidad y miembros destacados en sus respectivas actividades profesionales.

He dicho, generalmente.

La mano que había firmado el “placet” , Franco, no temblaba para firmar la carta de agradecimiento y despido, si el municipe se desviaba de la probidad y competencia que le habian proporcionado sillon y baston de mando.

Alguno había excéntrico y populachero pero poco más.

Además pesaban la historia y la literatura tan presentes y hoy tan olvidadas, proscritas o tergiversadas.

Ahí estaban, Zalamea, Fuenteovejuna, Mostoles. Y Lope y Calderon.

Hasta el viejo Isbert arengaba a los suyos con su voz rota para que el pueblo recibiese al todopoderoso nuevo rico americano que habría de convertir aquel humilde villorrio en una Arcadia feliz.

Todos conocemos el desenlace.

Con la llegada de la democracia y la eleccion indirecta,los alcaldes adquirieron mas notoriedad y pasaron a ser también administradores de dinero antaño inimaginable.

Pero poco a poco, al igual que en la política nacional, cayeron muchos de ellos en el peor vicio que puede tener un gobernante además del cohecho y la prevaricación, que no es otra cosa que gobernar para unos pocos, olvidando o insultando, que es peor, a quienes considera miembros de la gleba, o seres fútiles o semovientes bípedos.

En España, efectivamente, se ha levantado un muro por mor de un arquitecto, Sánchez, que no entiende ni tolera que haya gente que vea la vida, la política y la religión desde una cosmogonía distinta a la suya, que a decir verdad, no se sabe bien cuál es. Y ahí los ha segregado, al otro lado del muro.

Y los alcaldes, no todos afortunadamente, han seguido la estela, del gobierno para los míos y si tengo que mortificar y humillar a los otros, pues lo hago.

Ignoro, por pereza existencial, si ya se ha eliminado del Código Penal la ofensa a los sentimientos religiosos, pero incluso el oscuro Hoobbes nos dejó escrito en Leviatán que alguien debía poner orden en un caos de unos contra otros.

Pues, al alcalde de Barcelona se la traen al pairo, Hobbes, los católicos barceloneses, catalanes y resto de españoles y ha permitido o impulsado, no sé exactamente, que se haga burla de la Virgen María durante las celebraciones de la Merce con pasquines irreverentes, mordaces y pretendidamente artísticos.

Los vídeos al respecto, superan en odio a los pasquines.

Traigo una frase lapidaria de los compatriotas que todavía viven en las provincias vascongadas “antes nos mataban, ahora no nos dejan vivir”

Pues eso, antes quemaban iglesias y conventos, ahora y de momento, vejan, insultan y vituperan.

Le decía yo a un magistrado emérito que a veces creo que alguien o algunos buscan el enfrentamiento para acabar de una vez por todas con la monarquía y la democracia ( Largo Caballero, dixit).

Me miró raro, pero lo puse a meditar.

De momento, me produce hasta ternura, el alcalde de Vigo que inaugura nueva iluminación navideña en julio y a cuarenta grados. Un crack.

Todo esto que escribo es consecuencia de una petición de firmas para que este contradios acabe de una buena vez.

Porque Leviatán, ni está ni se le espera.

Yo he firmado, claro.

Felipe García Casal. Militar retirado y escritor.

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