La batalla de las palabras, también abandonada por la derecha

La literatura ha dado pasajes inolvidables en cuestiones de honor. Al igual que el sarcasmo, la crítica envenenada con el celofán de expresión artística y hasta los chistes, aparentemente inocuos pero que Charcot analizó a fondo porque los creía importantes.

Hace una eternidad escribí sobre este asunto, como consecuencia de una parodia en que el grupo “La Trinca” ponía en duda, como de pasada, eso sí, la inteligencia de la infanta Elena.

También exhorté al hoy rey Felipe, a dar un puñetazo al mentecato que había insultado a doña Sofía. Su madre.

Sin éxito, las cosas de Palacio , como las cosas de la Iglesia , se rigen por calendarios , tiempos y razones que, a veces se nos escapan.

Terminaba aquel ingenuo deseo asegurando que una “ostia” (sic) y perdón, de un tío de 2 metros hubiera lavado la afrenta y no habría supuesto el fin de la corona ni de la dinastía.

No tuve éxito, como dije.

Las palabras son tan importantes que en las más de las veces no se las lleva el viento. Tienen tanta fuerza que los ideólogos comunistas y globalistas las estudian, las cambian y las lanzan al aire, a las ondas, a la tinta y por supuesto, a los libros escolares.

Y son maestros en sustantivar lo inconcreto, de tal manera que hay quien asegura que el que pone nombre a una cosa, ya la posee.

Si usted no ataca a Israel usted es un genocida encubierto, pero ningún aludido, sobre todo si es político de la derecha boba, que la hay, llama nazis a quienes no condenen abiertamente la masacre perpetrada hace dos años por Hamas.

Este caso y muchos más , se van introduciendo desde hace mucho tiempo en el páramo cultural y medroso de una parte del espectro político salvo honrosisimas excepciones.

Antes eran los “burgueses”, después los “nostálgicos” el “búnker” y como no “los fachas”. Ahora, los que están “extramuros”

Los literatos, como apuntaba, se batían antaño por cuestiones de honor o se iban a combatir al turco y sufrían cárcel en Argel sin imaginar que un señor se iba a meter en su bragueta para olisquear y sugerir su imaginaria homosexualidad.

Quevedo, mató en duelo el día de Jueves Santo a un sujeto que había abofeteado a una mujer frente a la iglesia de S. Martín.

A Valle Inclán , el estrafalario pero excepcional escritor, le amputaron un brazo cómo consecuencia de un bastonazo en una discusión de café.

Larra se quitó la vida por amor, por desamor.

Ejemplos “a contrario” están quienes con presencia de ánimo enfrentan la muerte, como el asesinado en Paracuellos, Muñoz Seca, que frente al pelotón asesino dijo “podéis quitarme todo , menos el miedo”

Luego están quienes la violencia física es como la mugre al armiño, “joven, si quiere nos insultamos, pero de violencia, nada”

En fin y para terminar que esto se alarga : Ahora tenemos polémica con insulto más o menos velado entre Luis García Montero, viudo de Almudena Grandes , la del goce de las monjas escarnecidas y violadas por milicianos (sustantivo vacío) y hoy, García, presidente del Instituto Cervantes elegido por el gobierno de Sánchez en 2018 y de la otra parte Santiago Muñoz Machado , elegido en pleno por la RAE.

García Montero parece ser que ha dicho de Muñoz Machado que “la RAE, está en manos de un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho ( de abogados) para empresas multimillonarias. Eso naturalmente crea distancias”

Esperamos ansiosos la respuesta de Pérez Reverte, académico de número , creo, y defensor a machamartillo de la RAE.

García Montero y su Instituto parece que no están de acuerdo con el lenguaje inclusivo , pero lo toleran. Muy progre.

A Almudena, le pusieron estación, que siempre mitiga el dolor del deudo. Digo yo.

Felipe García Casal

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