Txiquito de Arrigorri en el caserio

Siempre me han impresionado los edificios por su hieratismo, ajenos a los futuros inquilinos del “corral de los tiesos” y que continuarán casi todos en pie oteando el horizonte y a lo suyo, cuando un servidor pase a engrosar ese corral misterioso y perenne.

Así ha sido siempre, por eso, de alguna forma, me intimidan.

Algunos carecen de significación histórica, más allá de las que puedan tener quienes moren en ellos, otros sin embargo, son historia viva, a veces ladinamente olvidada, otros ensalzados en reivindicaciones falaces.

El templo masónico inaugurado en Tenerife con la presencia de Víctor Torres forma parte de los que albergan historia, en este caso de dudosa rectitud.

Ángel Víctor Torres, al parecer, quiere sacar a Moscardó de la cripta del Alcázar de Toledo.

He ahí una postura equilibrada, ecléctica y carente de rencor histórico.

También tienen una fijación con el Valle y con su cruz. Incluso se habló de una ceremonia masónica cuando exhumaron a Franco y de las palabras despectivas de Zapatero a quienes muchos vinculan con una logia francesa. Carezco de datos fiables.

Vivo cerca de la casa museo de Pardo Bazán y me paro a husmear con la esperanza de que acaben la reforma que va camino de eternizarse. Algo así como la Sagrada Familia.

Algunas veces, jovenzanos que se han aprendido el discurso, ilustran a viajeros del IMSERSO, sobre la modernez de doña Emilia y su apuesta por el feminismo más rampante.

Omiten, por ignorancia o mala fe subvencionada, que el hijo y nieto de doña Emilia fueron asesinados en el Madrid rojo.

Guridi, y vamos con el Caserio, puso música a la zarzuela del mismo nombre. Tuvo éxito y quien más quien menos cantó lo de “txiquito de Arrigorri”, sobre todo en tiempos que media España era del Atlético de Bilbao y “a mi, Sabino, que los arrollo” la contraseña de ataque racial vasco y por tanto doblemente español, como dejó escrito Unamuno.

En el caserio en el que se desarrolla la trama, hay un duelo de versolaris que tendrá por “trofeo” el amor de la dama.

Si lo que se cuenta de Sánchez, Otegui y el caserio es cierto, la lid tendría como trofeo España, y me temo que hubo empate técnico con el reparto de una España que no reconoce ni la madre que la pario; el ahora senecto y “ecuánime” Guerra, fue un profeta.

De momento no volveré a escuchar lo de “Sasibil mi caserio”. Por una cuestión de profilaxis preventiva.

Si finalmente se desmiente, volveré a Guridi y expulsaré de mi cabeza, el asco que me produce la hipotética escena del encapuchado gordo y Su Persona.

Felipe García Casal. Coronel ( R )

2 comentarios sobre “Txiquito de Arrigorri en el caserio

  1. Un lapsus lo tiene cualquiera, amigo Felipe, y los restos mortales del general Moscardó no están en el Valle de los Caídos.

    Si se profana su sepultura en el Alcázar de Toledo, y la de todos sus heroicos codefensores, que allí descansan en paz, recitar el Art. 16 de las RO (no se si también han cambiado su número) que preconiza el honor a los héroes en los actos militares será un sarcasmo. Y la ignominia caerá sobre la institución, como cuando consintió con inaudita mansedumbre la profanación de la sepultura de Franco.

    En cuanto a la senectud de Guerra lo admito…

    Pero discrepo en lo de ecuánime, es más lo reputo de colaborador necesario de la actual situación de la que “se duele”

    Y ya que citas “El Caserío” de Guridi, recordar aquello de “chiquito de Arrigorri, mientes como un ladrón”

    Con la salvedad de que en este caso son mentirosos y ladrones.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias Lorenzo. Cuando advertí el error era tarde y me dió pereza rectificar. Me llevó al huerto una información periodística que hablaba sobre el enfrentamiento con la ministra de Defensa que se negaba a exhumar los restos de Moscardo. Escribí el artículo como siempre a “ carajo sacao”

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