He visto al Rey más entero, con voz firme ycreo que sin ayudarse del telepronter.
Pero siendo importante, sobre todo para los impresionables, la parte gestual y la ausencia del Pesebre que a tantos españoles representa, lo cierto es que no ha dicho nada que no sepamos.
Critica la retórica y el voluntarismo pero el mismo hace un ejercicio constante de búsqueda del sosiego, el buen tono y la cordialidad.
E incurre, al menos para mí, en borrar la historia de España anterior a 1975.
Y España es muy anterior en la que se libraron guerras entre hermanos, muchas veces, por cuestiones dinásticas.
La jugada del último Habsburgo dio lugar a dos guerras, precisamente por eso, por una cuestión dinástica.
Alfonso XIII abdicó para evitar un baño de sangre por unas elecciones municipales de cuyo resultado se sintió aludido.
La consecuencia, una guerra civil de la que algunos abominan, pero que trajo de nuevo la monarquía, cuando el vencedor de la contienda pudo haberse inclinado por laRepública sin que nadie hubiese osado oponerse, al menos con éxito.
En lugar de abrazar nuestra historia en su totalidad, influenciados por poderes externos, como casi siempre, nos acomplejamos y huimos despavoridos de nuestro devenir histórico.
Y nos entregamos sin armas y sin bagajes a la Von der Leyen de turno.
El rey dice que debemos mirar a Europa y claro que lo hacemos, como a Hispanoamérica, pero resulta que Europa está virando a estribor y recuperando la cruz y la sensatez.
Hace una loa de la Constitución, pero son miles los compatriotas que la empiezan a considerar papel mojado al albur de juristas contaminados por la política.
Habla de populismos, extremismos y radicalismos pero sin explicitar.
Cuando los partidos mayoritarios carecen de soluciones y la corrupción les corroe es inevitable que surjan nuevas ideas.
Y cuando se ofenden sentimientos con el silencio de quienes deben proteger aquellos, es inevitable, como decía, que la sangre española, al menos en una gran mayoría, se haga notar.
No son extremismos, al menos algunos, sino la consecuencia lógica de la paz de los cementerios y la anulación de la historia en su totalidad. Excepción hecha de ese apócrifo momento histórico que plasmó sus buenas intenciones en un papel, marginando el verdadero ser español, al que había que transformar.
Yo, Majestad solo le pido un momento de inquietud, de desazón , un mirar la historia en perspectiva y analizar profundamente por qué sus compatriotas están nerviosos.
Ya no le pido la abdicación por 36 horas como hizo Balduino para no firmar la ley del aborto, o recientemente Alberto de Mónaco por lo mismo, simplemente le pido, y no soy nadie, que vea a España como Pelayo, como Blas de Lezo incluso como Malasaña, pero no blandiendo un arma con un parche en el ojo, sino sintiéndose profundamente español y luego ya veremos.
Feijoo, y ya termino, habla de centralidad y yo me pregunto: que es eso? Ante la ley de amnistía, como hacemos, ¿amnistiamos solo un poquito?
Ante el asunto del Sáhara ¿deberíamos haber abogado por repartir?
Ante los miles de inmigrantes ¿ damos la callada por respuesta y dejamos que nuestros barrios se conviertan en arrabales de sangre?
Anguita, al que yo precisamente no veneraba, dijo aquello de “programa, programa, programa”
Lo demás Señor, como usted apuntaba es retórica y voluntarismo” que pudo SM resumir leyendo aquel precepto, creo, de la Constitución del 12 que pedía a los españoles ser “buenos y benéficos”
O algo así.
Feliz Navidad
Felipe García Casal. Coronel ( R)