Han detectado los efectos aquellos que asistieron al incendio como Nerón con su arpa.
Pero, héteme aquí, que las llamas alcanzaron a los incendiarios , epigonos de medio pelo de los Gramsci y compañía.
Por mucho que se estrujaron sus cerebelos displásicos, nunca pudieron imaginar que la ciencia se opondría con todo su vigor a sus maquiavélicos designios..
Y unos diminutos artilugios y un anonimato, más o menos conseguido, comenzaron su gran rebelión contra el stablisment del poder y las “redes” han hecho el trabajo que otros por medrosos, por comodones, y aun por traidores, dejaron para otros, a los que incluso tildaron obscenamente, de exaltados.
Ahora, Gramsci, Adorno y demás compinches, están de capa caída.
Hasta hace bien poco, se insultaba de forma unidireccional, se quemaban los mismos colores y las mismas efigies bajo la égida periodística de los chamanes que se sentían adalides de todas las bondades humanas, contra una derecha irracional y explotadora.
El primer hito en contra de pensamiento único lo lograron aquellos que calificaron a la izquierda de izquierda.
Porque hasta entonces estaba la “famélica legión” , los “descamisados” y luego las farmacéuticas, las petroleras etc.
Un hito. Se empezó a señalar a los salvadores del universo por su nombre, ante la atonía de aquellos que consideraron un atrevimiento el ser arrojados al mismo saco de la política.
Fue la primera batalla ganada, la semántica. No la guerra, pero sí una batalla muy importante.
Los medios, los colegios, las radios, las televisiones habían hecho su trabajo y su agosto.
Pero, como decía, ahora con un aparato diminuto y una cortina de humo que protege el anonimato , la gente se ha lanzado a la arena como gladiadores sin red ni tridentes, pero lanzándose epítetos, amenazas, admoniciones y recurriendo a la historia, algunos con lecturas, otros con ideología.
Pues si, hay odio, si entendemos como tal la animadversión exacerbada, el olfateo perdiguero de sangre, la profanación de tumbas o sagrarios.
Pero esto se ha cocido a fuego lento, viene de muy atrás, solo que ahora nos empieza a quemar los menudillos a todos.
No se trata de una enfermedad idiopatica, los síntomas son claros y la enfermedad es el odio larvado, fomentado, que se les ha ido de las manos a los brujos de la sociología perversa.
Ahora se trata, al parecer de detectarlo y medirlo, como si no hubiera un Código Penal. Es como una traslación, por la puerta trasera, de ropones a observadores y metrónomos de una melodía que nace muerta.
Este asunto lo vienen aireando desde hace tiempo para aviso a navegantes .
El HODIO, ya está aquí, el odio se manifestó hace mucho tiempo de manera explícita con un par de leyes, con indultos y con amnistía. Explícita.
Y es más peligroso o igual, que la “tensión” fomentada por Zapatero con el altavoz de ese obispo secular con cara de circunstancias, que pronunciaba sus homilías en el púlpito de una radio que está de capa caída.
Y termino con una letra y un acorde de tanguillo para edulcorar lo anterior, que además es un tema recurrente. Ahí va.
El dólar y la esterlina a nuestra humilde peseta
Le hicieron la puñeta subiendo la gasolina
Yo como buen español, digo a los anglosajones
Meteros en los cojones, petróleos y carburantes
Que caballeros andantes nunca fueron en camiones.
Ustedes dispensen.
Felipe García Casal. Coronel ( R )
Efectivamente.
El odio intrínseco de las “leyes de memoria” se ha transformado en un boomerang.
Y como corresponde a este infame Gobierno, además de odio destila jilipollez.
Por ello escriben odio con hache… y porque también la lleva hijoputa.
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