Luis Enrique es un personaje peculiar, no se sabe con certeza si está enfadado o no. A veces interrumpe su diatriba admonitoria y sonríe. Como su cara no está acostumbrada a ese proceso disruptivo, forma un extraño rictus, trufado de boca grande rodeada de mil arrugas, como si hubiera vuelto a sufrir el codazo deSigue leyendo «El babayu»