Carta abierta a un imbecil de derechas ( que alguno hay)

Imbecil:

He sufrido la suerte ingrata de tenerte en la mesa de al lado que compartías con un grupo de viejos dinosaurios,como el que escribe estas líneas.

El nutrido grupo en mesa redonda era variopinto, gente de leyes, alguno piafante como Babieca de crines reteñidas, otro un hombre de paleta media, quiero decir no arquitecto y un antiguo camarada de fuego de campamento hoy vencido por los años, andar titubeante y luengas barbas blancas. Y algunos más.

Hasta ahí nada que objetar, cada uno come donde quiere y en la posada que Dios le da a entender.

En este caso, la posada es de relumbrón, una de las dos que La Coruña blasonea siempre que se pone a tiro algún viajante desavisado e impresionable.

La comida del imbecil y conmilitones de reunión semanal, transcurrió mesurada hasta que los efluvios hicieron el efecto esperado. Sin gritos molestos pero deshinbidas las lenguas y mendaces las opiniones, surgieron la bilis, el rencor y el menosprecio.

El imbecil excretò en voz audible, que alguien como buen militar, pasó su vida marcando el paso y ordenando derecha e izquierda.

La cosa no iba conmigo. Yo era simplemente un invitado y por tanto desconocido para el imbecil.

Si el paso del tiempo no hubiera hecho estragos en mis impulsos , me hubiera levantado y retado a un combate de boxeo, donde yo sin duda alguna hubiera triunfado gracias a la pericia con que la naturaleza me dotó, en el noble arte del marqués de Queensberry.

O quizá haciendo gala de frase borgiana le hubiera dicho “ su señora de usted con el pretexto de ejercer la prostitution, vende ropa de contrabando”.

No hice nada de esto. Y quise dejar pasar la cosa, pero cada uno es esclavo de su carácter y el mío no parece dar tregua, ni ahora que en frase lúcida, alguien escribió : el horizonte se va acercando.

Por eso digo esto.

A esta sociedad acudían militares emparentados con la aristocracia , uno de ellos paracaidista, con quien tuve la suerte de compartir Bandera, otro un general que lo ha sido todo en su profesión y que ha luchado por su país en solitario, sufriendo los calores desérticos y sus frías noches. Y evitando la picadura de la lefa, sin poder siquiera imaginar que las iba a tener en cantidades ingentes en una vieja y reputada sociedad coruñesa.

El imbecil y alguno de sus conmilitones seguro darían parte de sus pazos para sentarse al lado de ellos, por lo menos del primero y presumir de amistad con el marquesado de Villaverde.

Sic transit gloria mundi.

En mi post anterior escribía, respecto a la situación actual, que por una parte me siento concernido por el artículo octavo de la Constitución y por otro por el “que cada palo aguante su vela”

Hoy, después de que la saña del imbecil me haya amargado la comida, me inclino por lo segundo.

Esa derecha es asquerosa, egoísta, petulante y más ágrafa de lo que se creen algunos, cuya valía es haberse aprendido de memoria el Código de Justiniano y vengarse por no haber podido ingresar, por falta de conocimientos y/o inteligencia, en las Academias militares o en la Escuela Naval.

El que vale, vale y el que no a …..No quiero ofender a nadie más. Solo al imbecil.

Y me voy a permitir una, otra, expansión personal; yo he marcado el paso, comí lo que tocaba en bandejas metálicas, dormí a la intemperie en sacos, me duché cuando podía y un larguísimo y vulgar etcétera. Pero siempre procuré ser un señor, con el brazo en alto y mirando las estrellas, quizá por el pequeño falangista que llevo dentro.

Ah, también entre en pisos de ETA de madrugada, recogí a una compañera muerta y asistí a los gritos desgarradores de una madre a quien una bomba asesina había arrebatado a su hijo. Yo era su capitán.

También salté de noche muchas veces en apertura manual, con una minúscula linterna alumbrando el altímetro ; sobre tierra, en el mar, entre nubes y estoy vivo de milagro y gracias a la Virgen a quien imploré al notar que los dos paracaídas fallaban. Otro día me extenderé.

Dirigí y presenté programas de radio y televisión, tengo un premio de periodismo y he escrito dos libros, el primero de ellos de cierto éxito y varias reimpresiones.

Soy uno más entre mis compañeros, casi todos mas valiosos que yo , un soldado que no puede soportar la soberbia de imbeciles como el que acabo de glosar.

Como a este tipo de derechones solo les importa su bienestar, adjunto noticia para joder y para que tiemblen un poquito ante lo que se avecina. Verás como a partir de ahora volveremos a tener cantidad ingente de amigos. Como el imbécil.

Felipe García Casal . Coronel de Infantería ( R )

Lo dicho “que cada palo aguante su vela”

3 comentarios sobre “Carta abierta a un imbecil de derechas ( que alguno hay)

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