The wall

El presidente ha dicho algo referente a un muro separador a modo de cordón sanitario y de profilaxis política y social.

Aquí está la refulgente verdad y al otro lado las tinieblas de la ignorancia. Nosotros el Renacimiento redivivo y mas allá de las garitas con reflectores, el medievo acechante.

En su estructura mental no cabe más que la repartición entre yo y el universo mundo.

En realidad le sobran los ministros y hasta aquel artificio social denominado “comité de sabios”, que de no ser gravoso para el erario público, no pasaría de ser una broma de mal gusto. Un eufemismo ridículo.

Al presidente alguien tiene que informarle de lo peligroso que puede resultar la polarización política de un país al extremo de que más que cohabitantes, nos convirtamos en vecinos de corrala, mal avenidos y carne de cañón futura.

A veces pienso que Zapatero ideó una escuela política, cuando creyó cerrados los micrófonos y le dijo a su compadre Gabilondo “ tenemos que crear tensión”.

El presidente no es socialdemócrata ni creo que sepa siquiera que fue la socialdemocracia. Tampoco esto tiene mayor importancia porque la derecha poco a poco le ha arrebatado las banderas del progreso, sin revoluciones ni grandes traumatismos sociales.

Un político, mitad abogado, mitad poeta dijo antes de ser fusilado “ hay que levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete”.

Alberti, también poeta , compaginaba en retaguardia los ripios con la checa de Bellas Artes, no nos vale.

Claro que el presidente es más de prosa, aunque algunos digan que ni eso. Que “ Tierra firme” es cosa de un “negro”. En el sentido literario del término, naturalmente. O “negra”.

Muros siempre ha habido, para que nos vamos a engañar. Pero los ha habido buenos, en defensa de la patria frente al invasor francés, pongo por caso.

Ahí están las murallas de Cádiz resistiendo los proyectiles del invasor y haciendo retroceder al corso con el rabo entre las piernas, mientras nuestras gaditanas se hacían tirabuzones con las bombas que tiraban los fanfarrones.

Chueca lo músicó muy bien en su zarzuela “Cádiz”.

También Zaragoza y sus muros heroicos de los que apenas queda un vestigio en la Puerta del Carmen.

Muro fue España ante el avance comunista y muro diplomático ante el avance alemán que había engullido Europa en semanas. Diplomacia gallega, dijo un estupefacto Hitler.

Y muro ominoso y cruel fue el erigido en Berlín separando familias y laminando amores como el que Elton John narraba en su canción donde un hombre lloraba por no poder abrazar a un VoPo del otro lado.

Y the wall, posteriormente Wall Street, erigida como empalizada por los holandeses para protegerse contra indios, nativos y piratas.

Y Sex Pistols y Pink Floyd y Nino Bravo. También Joaquin Sabina pero este de una forma ambigua que no se sabe con certeza si añora o aplaude, cuando la piqueta de la dignidad acabó con aquellos bloques de ignominia comunista.

A mi con Sabina me pasa un poco como con Reverte. Debe de ser que los intelectuales y/o creadores, a veces se extasían con personajes o políticas de difícil comprensión.

En una entrevista, creo que con Motos, Reverte glosa tan literariamente la figura de Sánchez, que a veces y como un trastorno pasajero me dan ganas de votarle.

Serán cosas de la edad o de la empanada mental que provoca la acumulación de lecturas, las que con exagerada profusión nos recuerda el exitoso escritor y académico.

Felipe García Casal. Coronel de Infantería ( R )

4 comentarios sobre “The wall

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