Hace muchos años, escribí en un periódico local con el que colaboraba asiduamente el artículo que ahora transcribo como post.
Un descanso a tanta política
La transición no ha terminado
La transición está inconclusa; allá por aquellas calendas organizadoras de la convivencia social, ocurrió un hecho imperdonable que más tarde revelaremos.
Una vez en imprenta nuestra carta magna, vertebrado el país y altivo el gesto, nos dispusimos a gozar del «sistema de libertades que nos hemos dado». Solo faltaba el natural tránsito de los partidos por la dura carga del poder. Se decía, «sólo habrá terminado la transición cuando los socialistas alcancen el poder y se exorcicen los viejos temores».
Recientemente los analistas de esa gran tertulia que es España, aseguran que sólo habrá acabado el interregno cuando los populares trasladen el mobiliario de Génova a Moncloa.
Nada de esto es del todo cierto; es un análisis cojo, falto de perspectiva.
España no es un país de matices; no hay clónicos de estereotipo: al-andalus, anguitianos y bereberes; no hay celtas rubicundos, inteligentes y desconfiados; tampoco levantinos fenicios, musicales y comerciantes. Nada, sólo esquemas antropomórficos inequívocamente convencionales de enciclopedia de los cin-cuenta.
España es fundamentalmente dos cosas, madridista y antimadridista, Y no vale decir que la polémica es mendocista/antimendocista.
Esto es sólo coyuntural. El personaje, Mendoza, puede concitar cualquier sentimiento; por alto, por rico, por yateado, por chulo, por madrileño, por irónico, por cáustico. Pero es contingente, limitado, mayor y por tanto le huele el antifonario a gasolina. Es decir, se va.
El problema es sociológico. Aquí se ventilaban posguerras y en lugar de caracteres arábigos del vestidito de Claudia Schiffer, se hablaba del jersey de cuello vuelto de Marcelino Camacho, incluso antes, cuando Europa, la vieja zorra y culta Europa, enarcaba las cejas cuando se mentaba a España, resulta que el Madrid chuleaba al mundo a golpe de pistón de Gento, izquierdazo de Puskas o de filigrana porteña de don Alfredo.
De ahí nació la inquina; España era espuria, apócrifa, gris y divorciada. Constituía pues una salida de tono lo del Madrid, una petulancia, un pobre de solapas vueltas y a la vez pretencioso
Y así, casi sin saberlo, el níveo, blanco impoluto del Madrid se convirtió con el devenir histórico en el paradigma de la polémica.
Ahora hay escaramuzas, García sostiene un pulso con Mendoza, Ussía es sólo una anécdota y el césped resistirá el nuevo alzado del Bernabéu; pero todo ello es, insisto cuasi doméstico, accidental.
Y allá agazapados, con ojillos malayos de ministro de Cultura y sonrisa de conejo, los barcelonistas, que van a hacer una mesa redonda en el Foro Samitier para tratar del cero a cinco.
La transición amigos, se cerrará cuando el Madrid baje a Segunda; los ponentes de nuestra última pepa, olvidaron por decreto el descenso.
Felipe Garcia Casal . Coronel de Infantería (R)
felipegarciacasal@gmail.com
Efectivamente Marineda, el Madrid siempre vuelve, desgraciadamente es de lo poco que nos queda…
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Gracias lmolih. Un abrazo.
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