Una celebración elegantemente discreta

Toledo es raro, es ocre, como la piedra salmantina y que ahora no recuerdo el nombre pero lo recordaré.

Uno va por sus callejas eludiendo los anuncios outsiders ( perdón) de macdonalds en Zocodover y teme o ansía, encontrarse con un embozado que,de forma disruptiva, le muestre su acero y le exija la bolsa. O un hebreo tañendo su ravel. O un almuédano camino de su minarete para llamar a los suyos a oración.

Toledo es historia, donde se templan las espadas en las frías aguas del Tajo. Toledo es tableteo de ametralladoras en el repechito al Alcázar. Es resistencia numantina, es como Guzmán lanzando su daga al Tarik de turno o como el curtido coronel, diciéndole a su hijo que rece pero que él no entrega la vieja fortaleza a nadie. Hay padres así. O había, no sé.

Toledo es muchas cosas más pero para eso están los textos.

En Toledo, me dicen, unos veteranos generales y coroneles se han reunido en cónclave para celebrar que hace cincuenta años les dieron la boleta para salir a los campos de España, la peninsular y la africana, con sus divisas de tenientes y un canuto acreditativo bajo el brazo.

Y parece ser que allí se fueron. Y que conocieron al extraño e inexplicable soldado español. Que en sus miradas se podía leer el verso del poeta “ todo lo sufren en cualquier asalto, todo menos que les hablen alto” Y que eran los herederos a su manera, de aquellos, que en los viejos Tercios, dominaron Europa durante dos siglos.

Me cuentan también que estos veteranos se batieron el cobre allá donde hizo falta : en Smara, en Hausa, en Tifariti. Allá donde la lefa muerde y el mulana calienta los cerebelos.

Que unos anduvieron serpenteando calles por el bocho bilbaíno, por la siempre bella Easo y a veces, muchas, con mezcla maligna de olor a salitre y goma dos.

Que otros compaginaron campo y estudio y hoy son guerreros en retirada pero sabios y discretos.

Parece ser que en la majestuosa Academia de Infantería han vuelto a besar la bandera y que los alféreces alumnos allí formados miraban al frente y nunca sabremos si observaban de reojillo a sus viejos precursores con curiosidad o con indiferencia.

Unos, los viejos oficiales, perdían el paso. Otros muleta en ristre y alguno, la viva estampa del compañero corajudo que arrastra la pierna importándole un carajo su lastre porque va a besar su bandera. La de todos. Alguien leyó los nombres de los muertos mientras la música sonaba al unísono con una descarga de fusilería.

Y luego con otros compañeros y ya con Toledo atrás, les dio por cantar y no sé qué decían de “orgulloso esperaré mi fin luchando con ardor” y de Zaragoza . Qué gente tan rara.

A mí estos tíos me caen bien.

Felipe García Casal

4 comentarios sobre “Una celebración elegantemente discreta

  1. joeee…pipe; has descrito a la perfección a decenas de viejos amigos míos y tuyos.A veces pienso que algo bueno vieron en nosotros para tenernos como tal.Un abrazo peaso veterano..

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  2. Enhorabuena, Felipe, a ti y a toda la promocion por haber llegado de una pieza a esas bodas de oro. Puede que con algún «gueso» roto, y alguna que otra misma interna pero entera el alma, como bien lo describes «importándole un carajo su lastre porque va a besar du bandera». En tiempos como los que corren, es toda una arenga.

    Fuisteis y sois la promoción de «nuestros padres academicos», esa util y entrañable figura del veterano que, como tantas cosas, el viento o el tiempo se llevaron. Os debemos un reconocimiento.

    Enhorabuena, Pipe

    Adolfo Coloma

    AGM, XXX PROMOCION.

    «somos la xxx»

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