El extraño caso de Meiriño y un viaje ilustrativo

Confesión de parte: esto va a ser un “ totum revolutum”, es decir, si alguien busca coherencia e ilación lógica, que no siga leyendo.

Tengo un amigo, que además de conspicuo y emérito catedrático de Ciencias Económicas, es un pozo de sabiduría y contador irrefrenable de anécdotas, sucedidos y refranes, en los que mezcla el más puro castellano y el gallego más arcaico y zumbón.

Alguna vez le conté mis terrores nocturnos ocasionados por un profesor, que en la primera clase de Economía nos habló de la elasticidad de la oferta y la demanda. Otro hubo que contribuyó a mi inestabilidad emocional con el superheterodyno y otro, mucho antes, con las combinaciones con repetición.

Todavía no me he repuesto. Mi amigo sonríe en modo condescendiente.

Como decía, es un narrador magnífico y cuenta cosas que merecen ser recogidas y publicadas en un recopilatorio.

El caso de Meiriño es solo una muestra. Ahí va.

Meiriño estaba de guardia cumpliendo con la patria y en animada charla con otros soldados les dijo en un momento de esparcimiento “ pois eu cando estiben en Alemania, votéi dos polvos sin desenconar”.

Fácil, pero traduzco: eché dos polvos sin sacarla. Y ustedes perdonen.

Mi amigo, como es natural, quiso conocer al ardiente y magnífico animal amatorio y resultó ser Meiriño, de la zona de Rivadavia, Orense.

El caso de Meiriño, no acabó ahí.

Se casaron los hijos de dos eminentes urólogos y como pueden imaginar, a la boda asistió lo más granado de tan insigne y dolorosa especialidad médica. En una mesa llena de colegas del ramo, se habló mucho de prostatitis, y la conversación languidecía, hasta que alguien sacó el caso Meiriño.

Se animaron, hubo controversia, casuística y hasta salió a relucir el caso del cipote de Archidona y ya con licores escanciados, hubo quien se arrancó y toda la mesa terminó cantando lo de “ los cojones del cura de Villalpando”.

Hasta los novios se unieron al improvisado orfeón.

Meiriño había logrado el milagro.

No hubo unanimidad entre los urólogos, unos decían que Meiriño era un fantasma y otros que no. Que era posible lo de Meiriño en Alemania.

Cosas de mi amigo….

Vuelvo de Madrid un poco desconcertado, resulta que Atocha, tiene apellido y es Almudena Grandes.

Nunca leí nada de esa señora por lo que no puedo juzgarla literariamente, solo recuerdo de ella ( de ser cierta) su burla a las monjas violentadas y asesinadas por milicianos en nuestra guerra civil.

Según su maligna gracieta, las monjas debieron gozar mucho con las “atenciones” de aquellas bestias salvajes. Ella les llama jóvenes sudorosos.

Pues le han puesto una estación. Como al insigne poeta y chekista , que seguro le han puesto algo también.

Mientras tanto se habla de volar el Valle de los Caídos. Reconciliación, dicen algunos.

Debí acabar con Meiriño, pero me puede la indignación.

Felipe García Casal

3 comentarios sobre “El extraño caso de Meiriño y un viaje ilustrativo

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