Hubo tiempos en que las dignidades eclesiásticas eran reconocidas y tratadas en consecuencia. Se les reverenciaba porque eran trasunto divino con traje talar al que recurrir para ponerse a bien con Dios.
Cuando el prelado decaía en su función era criticado y perdía su aura. Incluso se le cantaban coplas y los chascarrillos corrían como la pólvora.
De hecho se decía, que los españoles iban detrás de los curas, unas veces en procesión, otras persiguiéndolos.
Ahí está nuestra última guerra civil y los miles de asesinados en un genocidio ocultado por la historiografía partidista.
Yo nunca he soportado al cura funcionario, como tampoco al militar del mismo jaez. Me parecen una burla retribuida.
De hecho, y con respecto a los primeros escribí un artículo que titulé “ De jicaras y mojicones” en el que pretendí retratar al cura orondo, cura de familia, que consentía reclinatorios de feligreses principales o por casa rectoral tenía el palacio de un marqués, como el de “Leguineche” tan bien retratado por Berlanga en “La escopeta nacional”
Los tiempos cambiaron, vino el “aggiornamento”, el Concilio Vaticano II, La Teología de la Liberación, a una de cuyas escisiones parece pertenecer Francisco y los prelados se lanzaron como locos al deporte, se dejan barbita bien cuidada y protegen sus ojos siempre avizores con gafitas trotskianas , dicho esto si ánimo de señalar.
Lo cierto es que ya no son ni trabucaires, como Merino y me temo que tampoco como Huidobro, aquel jesuita ya mencionado en otra ocasión, que auxiliaba a los legionarios moribundos y también a los rojos de vanguardia.
Los de retaguardia estaban muy ocupados con las checas y combatían más bien poco.
Ahora parece que el mayor órgano de dirección colegiado, la Conferencia Episcopal, está un tanto dubitativo en cuanto al Valle de los Caídos e incluso a la Cruz.
El otro día se lo decía a un amigo, este asunto es un proceso que parece empezar con una reasignación de “funciones” y si Dios no lo impide terminará con el abatimiento de la Cruz para goce entre otros, de los que abaten columnas o las yerguen a tenor de los acontecimientos.
El señor arzobispo de Madrid, que es moderno, conduce su propio coche y se deja barbita y flequillito, ha sido increpado por un ciudadano que le llamó traidor, de forma reiterada. Monseñor ( creo que ese es el tratamiento) le ha contestado con un magnánimo “que Dios te bendiga” a lo que el indignado increpador le ha replicado “y a ti te lo demande”
Pues eso : y a ti te lo demande.
Entre los curas de “jicaras y mojicones” y los que interpretan la prudencia como inacción pues me quedo con …ninguno.
Como son intelectuales al igual que monseñor Aguado, les recomiendo que repasen “La ventana de Overton ” para que no confundan lo indeseable con lo radical, luego con lo habitual y finalmente con lo aceptable.
Amen
Felipe García Casal. Militar y escritor.
Fantástico. Con un léxico culto. No sobra ni falta nada. Concreto, conciso y al grano. .
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