Yo eludí la prohibicion del dictador

Sonsoles Onega tuvo suerte, nació cuando ya Franco había ido a rendir cuentas al Altisimo y nada ni nadie le impidio bailar.

Sonsoles ha perpetrado una entrevista a una nonagenaria tratando de que la buena señora admitiera que Franco les había prohibido bailar. A su generación, me refiero.

La anciana le contestaba con desconcierto y cautela. Lo cierto es que no seguí hasta el final aquella entrevista dirigida porque me debatí entre el hastío y los restos de perplejidad que aun me conturban.

Alguna vez les he contado que leí hace una eternidad un magnífico libro, por el autor, encuadernación y contenido que me apasionó. Y no es para menos leer a Freud y los casos clínicos por él relatados.

Freud y posteriormente sus epígonos han hecho hincapié en la tremenda importancia de la relación paterno filial.

De tal suerte, que ya se admite como un dogma, que esa relación va a marcar de forma casi indeleble, la personalidad futura.

También hay quienes admiten la perversión psicológica consistente en “matar al padre” como algo ineludible para poder manifestar sin ambages la personalidad a la que antes aludíamos.

Quizá esto sea una exageración psiquiátrica y lo normal consista en una buena relación, una relación con vaivenes o una relación inexistente.

Y valga lo anterior para introducirme, y pido perdón por ello, en la relación entre nuestra Sonsoles y su señor padre Fernando Ónega, antaño jefe de prensa de la Guardia de Franco, organización encargada de mantener los valores del Movimiento.

Y según cuenta una conocida enciclopedia, subdirector del diario Arriba y posteriormente director del diario Ya.

Como vemos , Fernando debió ser un conocedor preclaro del régimen de la Oprobiosa y sus prohibiciones.

Lo que nos lleva a pensar que la comunicación entre Fernando y Sonsoles no debió de ser muy fluida, al menos en lo que a la parte social y lúdica se refiere.

Quizá esta chica mantenga en las retinas de sus preciosos ojos, la imagen de Chus Lampreave y Veronica Forqué organizando bailes regionales entre las chicas de la Sección Femenina y cuidando de que a ninguna se le olvidara los preceptivos pololos.

Pero aquello fue solo una de los cientos de películas orientadas a ridiculizar unos tiempos y una España castrada.

Pero no.

Sonsoles, la gente bailaba, en la verbenas, en los clubes, en los guateques y juro por mi honor que jamás vi una pareja de “ grises”ni de guardias civiles. Salvo trifulcas siempre inevitables.

De hecho, hay un atestado de una pareja de nuestra querida Guardia Civil que decía así “Todas las parejas bailaban a excepción de la que emite este parte, por encontrarse de servicio”

Se non é vero é ben trovato.

Que te cuente tu papi, querida Sonsoles, si en Lucus Augusti se bailaba o no. O si se detenía el baile para cantar el “Cara al sol”

La gente bailaba, las parejas se achuchaban, como pollos engominados y mujercitas casaderas de las “Tardes del Ritz” o como mecánicos encorbatados o mozos de almacén.

Alguien ha dicho que en España se escribe mucho y se lee poco. No quisiera pensar que tú entras de lleno en ese aserto.

Lee, pero como alguien dijo acertadamente, antes averigua quien paga la tinta. Y terminado ese proceso de profilaxis, antes de hacer una entrevista prospectiva y progre, pregúntale a la nonagenaria si bailaba , dónde y si se divertía.

Así se hace una entrevista.

A Franco se le acusa de todo y poner negro sobre blanco te puede llevar a las mazmorras pero yo no puedo tolerar que alguien diga que prohibía bailar.

Entre otras cosas porque un servidor, bajito como Sonsoles, no tenía otro remedio que darse a la danza para hacerse notar.

Y lo hacía muy bien por cierto, y pese a Franco.

Felipe García Casal. Militar y escritor.

2 comentarios sobre “Yo eludí la prohibicion del dictador

  1. Muy bueno Felipe.

    Bueno y oportuno desenmascarar a estas personas que tienen la admirable -o vituperable- capacidad de jugar siempre a caballo ganador, o bailar al sin que toca.

    Como Sonsoles Ónega… o como su padre.

    De tal palo, tal astilla.

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