Un tal Sanchez

Y no me refiero al marido de Begoña porque está dicho casi todo y lo que está por decir no creo que lo mejore.

Hay un sevillano, gracioso de oficio, y de nombre Manuel que ha leído el pregón de los Carnavales de Cádiz en el sancta sanctorum del teatro Falla.

Yo siempre veo el concurso porque tengo algo de masoquista, algo de gaditano por parte de abuelo y porque me maravilla la espontaneidad de los asistentes que dicen sus chistes a voz en grito y en plena actuación.

Lo del masoquismo, porque forma parte de la toma de la izquierda de todas las manifestaciones literarias, cinematográficas y musicales, allá donde se manifiesten , por pequeño que sea el reducto.

Pero siempre admiré la imaginación, el ingenio. Y con las letras de las comparsas gaditanas, llegué a maravillarme.

Había cierta espontaneidad calculada, no como en los Goya, que a tanto no llega mi adicción al sufrimiento “cultural”

Empecé a cantar chirigotas con un amigo gaditano y ahí sigo.

Pero como con tantas cosas de la vida que se van abandonando cuando el horizonte está próximo, he decidido retirarme en silencio, dolorido y aunque parezca imposible, atónito.

Este Sanchez, Manuel, ha abierto el Carnaval con un pregón de cunetas, de gatillos que mataban chirigoteros y, como no, un rejón a los que añoran a Franco.

Hubo tímidos pitos acallados por aplausos quizá programados como aquellas “clac” de teatro viejuno que hacian recordar, no a “La cuarta de Apolo”, sino a nuestro viejo recuerdo, Manolita Chen.

Ha faltado ingenio en el pregón y ha sobrado mamoneo con el poder establecido, que es la antítesis de lo que siempre albergó el Falla gaditano.

Cualquier recitador del mester de juglaría hubiera sido más digno que este Sánchez, al que el dios Memo tenga en su olimpo. Si, he dicho Memo.

Sonsoles Ònega, de rancia estirpe antifranquista, le dijo a una venerable anciana, que a ella Franco , le había prohibido bailar.

En otro pregón hace años, una señorita gorda que ha pasado al ostracismo, en otro pregón, este coruñés, aseguró que el Papa , el de entonces, “perdía aceite” o una expresión similar que no recuerdo, pero que no desvirtúa el fondo del asunto.

Señores del Falla, dejen que mane ese venero inextinguible del ingenio gaditano, pero asegúrense de que es ingenio y no un clarín, que nos recuerda mas a un speech de Largo Caballero en “El Socialista”.

Camuflado, eso si, con la gracia pretendidamente gaditana, que para sí hubiera querido el repudiado y luego repuesto en el Olimpo, este sí, de la literatura española, José María Peman.

Felipe García Casal. Coronel ( R )

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