Los Rochos y Leire Díaz como síntoma preocupante.

Alfonso Egea, un veterano periodista de Mediaset, ha relacionado a la llamada fontanera Leire Díaz con Cinta Rocho(a) La Celsa, conspicua representante de un clan dedicado a actividades peligrosas.

Dejémoslo así.

Es simplemente una información pero muy documentada, en textos e imágenes.

En ellas, Leire Díaz no sale bien parada y se disculpa de la acusación de sicariato con algo tan manido como la descontextualización de los apuntes de agenda.

Algo así, y no quiero ser mordaz, como las excusas de delincuentes que arguyen que, lo encontrado en notas, apuntes y fotografías, lo son para una novela en fase documental.

Si todo lo que descubrió Egea, va por donde parece, estaríamos ante un Estado delincuencial, no en su totalidad, pero si ante los responsables que nombraron sotto voce, a este personaje de aspecto atrabiliario, mirada bisoja y con una seguridad que revela asideros importantes.

La juez Biedma se ha librado, de momento, del sustito que ningún Rocho se ofreció a darle.

Llamadas a media noche; muerte súbita del perro; ruedas pinchadas?

La casuística es enorme, dependiente de la entereza moral y física de la juez.

Tengo la malsana costumbre de leer libros raros, de esos que dejan a uno entre atribulado y dubitativo.

Leí a Javier Bleda, a Joaquin Abad, y a un Peñafiel, perro viejo, que concitó toda clase de denuestos.

Lo de Bleda es para figurar en los anales del periodismo de investigación o para que alguien le llame a capítulo y le mande a galeras una larga temporada.

Pero se ve que los aludidos y consejeros áulicos aconsejan el silencio evangélico para que el papel se consuma solo, con el paso del tiempo.

Es todo espeluznante.

El término poetas malditos lo acuñó Verlaine y en ese dudoso y prestigioso a la vez, club, podemos incluir desde Baudelaire ( el muso de Umbral) hasta Bukowski, pasando por Allan Poe.

La España negra, la de Puerto Urraco, la de las niñas de Alcàsser, la del Arropiero, la de los delatores etarras, resurge de forma inopinada, contra la juez Biedma, si es que el magnífico descubrimiento de Egea, se confirma.

La guerra entre poderes del Estado, siempre existió. Mercedes Aldaya, García Castellón, Peinado, Marchena, Marino Barbero, Pablo Ruz, Navarro Estevan, el mismo Garzón, juez de quita y pon, son ejemplos de jueces que tuvieron guerra mediática y que la libraron como pudieron.

Pero que yo recuerde, a ninguno de ellos le dieron un sustito” más allá del que recibían todas las mañanas al abrir el periódico.

No de todos, claro.

Felipe García Casal. Coronel ( R )

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