La muerte de Dragó ha pasado sin pena ni gloria televisiva. Le habrán encargado a un meritorio un obituario congelado, de esos que se escriben cuando ven renqueante a un personaje público y se barrunta su muerte.
Para dar “la primicia”, que es cosa que preocupa mucho a periodistas, directores y empresarios.
Y después, la venganza, que es el silencio, una suerte de escarnio intelectual.
Lo de Dragó les ha tenido que doler mucho, porque venía de la izquierda combativa, la de cicatrices familiares y humedades de cárcel.
Pero en Dragó pesaron siempre más sus lastres intelectuales que sus anhelos y fantasías políticas.
Fue un presentador heterodoxo, nada de un apuesto y remilgado periodista del común.
Cuando el felipismo, tuvo los santos guevos ( no encuentro la diéresis) de hacer un programa sobre los escritores falangistas.
Supimos entonces, gracias a él, que la Falange fue algo mas que una amalgama de jovenes universitarios que acudieron al banderín de enganche del romanticismo, de la la camisa mahon y las proclamas de aquel magnífico escritor y político italiano apellidado D’Anunzzio.
En aquel programa, Dragó dejó clara su postura política en contra de los postulados falangistas, pero tuvo la gallardía intelectual de citar y ensalzar a los grandes escritores de la Falange.
Luego vino la conversión sauliana y le vimos en la grada de general, escuchando con atención a Tamames un outsider de la política que desde la lejanía de la edad y con la sabiduría que esta proporciona, le dijo a quien quisiera oírle, que España no es que sea un patio de monipodio, es, y ustedes me
dispensarán, el coño de la Bernarda.
Balbin también tuvo un programa de televisión que se salía de la ortodoxia establecida por los chamanes del régimen felipista. Y como ahora ocurre con las redes sociales, era el último bastión en el que se refugiaban quienes defendían otra forma hacer política. Se llamaba “La Clave” y Balbin , con su barba y pipa se convirtió en un mesías de la libertad de expresión.
Lo suprimieron, claro.
Francisco Umbral, hizo lo propio y en uno de sus libros magistrales “Las palabras de la tribu” dedicó un capítulo extenso a los escritores falangistas, capítulo laudatorio, lo cual es doblemente valioso conociendo la personalidad del escritor vallisoletano, afincado en su Madrid.
De José Antonio, escribió : era un buen prosista orteguiano y dorsiano, con mucha influencia lírica del 27, cosa que nunca se ha dicho.
Glosa, laudatoriamente como decíamos a Foxa ( la mejor novela de la guerra civil , Madrid de Corte a cheka) ; D’Ors, García Serrano; González Ruano; Giménez Caballero y más que no citaremos.
Andamos ahora trasladando muertos, le ha tocado a José Antonio y no sabemos bien por qué.
Será porque falta talla intelectual y sobra vesania, vaya usted a saber. A José Antonio le condenó a muerte un tribunal de 14 milicianos y solo un ponente jurista: Eduardo Iglesias Portal, que no estaba de acuerdo con la sentencia.
Iglesias Portal, volvió a España a mediados de los 50 y vivió tranquilo hasta su muerte. No hubo venganza.
No soy de himnos, pero hoy cantaré Prietas las filas y buscaré entre los luceros a ver si tengo la suerte de que José Antonio me envíe un abrazo, como hizo con Iglesias Portal.
Eran amigos.
Felipe García Casal XXlX Promoción AGM
Auténticas píldoras de saber… muy bien Pipe
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Gracias Moli. Abrazo.
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Interesante lectura.
He sabido de hechos que ignoraba.
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Gracias por tu comentario Pardillo. Abrazo.
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Los que nacieron, o dejaron de vegetar, a partir de 1975 han sido intoxicados, gracias a las distintas leyes de (mala) educacion, con muchos mantras de la izquierda. Entre ellos este: «La cultura, en general, es patrimonio de la izquierda y la derecha, una panda de fascistas». Y ahí y así siguen. Excelente comentario Pipe.
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Gracias mikelearnaldi, seguimos en la brecha. Abrazo
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siempre será un digno rival aquel que defiende sus ideas sin ofensas en las tuyas.
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Gracias por tu comentario Pardillo
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