El aluvión de marroquíes enfervorizados allanando España bajo la mirada estupida y ajena de quienes tienen por misión defenderla, produce repulsion.
Como no es la primera vez, hemos de ponderar que, al menos, no ha habido heridos entre los guardias civiles. Que sepamos.
Cuando aquel italiano malévolo e inteligente ideó un método de lucha basado en el retorcimiento de las palabras, no podía imaginar hasta que punto su descubrimiento iba, junto a otros, a hacer fortuna.
Ver a nuestra querida Ceuta hollada por gente que recorre sus calles, como terreno conquistado, produce una especie de dentera de alma.
Ahora viene el debate semántico, político y de tertulia tabernaria.
Que importa el derecho positivo y sus interpretaciones camaleónicas cuando unos vecinos amenazantes que no entienden las leyes españolas y que incluso se burlan de ellas, se pasan por el forro de sus calzones, vallas, y fronteras ?
No sé si este asalto se puede considerar incurso en una “emergencia nacional” que según algunos solo contempla incendios.
Qué importa a posteriori ?
Cuantos servicios de Inteligencia tenemos? Y nuestra cancillería? Y el señor ministro de Exteriores?
Ahora entra en juego Gramsci, el taimado italiano, por cuya ocurrencia inteligente, se diluirá este hecho que produce bochorno.
Los llanitos y los ingleses se tienen que estar descojonando.
Decía Felipe VI que estábamos pasando días oscuros. De acuerdo, Señor, agite la caja de los ratones para que podamos ver un rayito de luz.
La Constitución lo denomina moderar, Gramsci diría temple, tranquilidad, sonrisas y abrazos.
Pero Gramsci y sus compis de la Escuela de Francfurt eran unos cabroncetes muy inteligentes. Por ese orden
Felipe García Casal. Coronel ( R )
Las huestes de D. Rodrigo desmayaban y huían cuando en la octava batalla sus enemigos vencían….
Se repite la historia del año 711.
Y al igual que entonces por la traición interna.
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Sin duda
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