Felipe VI ha dicho que estamos en días oscuros.
Como las primeras magistraturas suelen emplear elipsis que protejan el contenido de sus palabras, no puedo asegurar que se refiriera a la situación global o al país que aceptó su reinado como legado histórico que se truncó con la República y que Franco restauró.
Lo mismo que su matrimonio morganático como joven monarca de su tiempo.
Lo cierto es que los días son más que oscuros, tenebrosos.
Y no por las guerras, que desgraciadamente, siempre se han librado, sino por el resquebrajamiento de lo que Occidente creyó indestructible y que ahora parece al albur de nuevos paradigmas.
Ante representantes de 26 países en el palacio de Cibeles y auspiciado por el Club de Madrid pronunció unas palabras que podrían considerarse lugares comunes y decálogo de buenas intenciones sino estuvieran entreveradas por dos consideraciones, a mi entender, importantes
La primera, que la democracia se sustenta entre otros valores en la rendición de cuentas y la segunda una cita de Ortega que alude a la voluntad de vida en común.
Quien quiera hacer vida en común, debe atenerse a las normas sin esperar de su posición política, social o económica, otra cosa que el viejo adagio dura lex sed lex.
La interferencia entre poderes del estado solo lleva a la carcoma de ese bien supremo que es la democracia, incluso por encima de la nación. Eso sostienen de facto analistas y políticos
Ortega dijo muchas cosas y todas relevantes, entre ellas alertó del cambio político que puede llevar a la postergación de la aristocracia ( intelectual) cediendo por vía de los hechos o de la manipulación en toda su vastísima extensión, a las masas, la responsabilidad del mandato.
En cuanto a España se refiere, vamos al trantran histórico, en el que se libran batallas hasta ahora impensables, y en las que algunos juristas nos recuerdan a Atticus Finch, en Matar a un ruiseñor”, que resisten como pueden las embestidas políticas y mediáticas.
Dónde, un servidor público, como en una corrala decimonónica, amenaza con ostias ( sic ) por un quítame allá ese dos de Mayo.
Los ejemplos son tristes e innumerables. Si la elipsis de SM pretendía abstraernos de lo que aquí está pasando, en mi caso modesto y particular, no lo ha conseguido.
Está bien enfundarse la camiseta de España, pero hay situaciones que, a lo mejor requieren, ponerse la guerrera de Capitán General, aunque sea sin pantalones, como según cuentan, hizo su egregio padre en el discurso del 23-F y ante la tardona cámara de TVE.
Por premura de tiempo.
Alguna vez escribí sobre el término moderación que incluye llamar a capítulo a los díscolos, a los que parece que la democracia, como decía Largo Caballero, solo es útil si nos beneficia
Esperemos que lo expresado por SM en el Club de Madrid, sirva para algo y no se convierta en la lentejas de Mona Jiménez, tan entrañables como irrelevantes.
Felipe García Casal. Coronel ( R )