Lo ocurrido en Ceuta es indisimulable por mucho que traten de deformar los hechos para que el deterioro político no sea definitivo.
Europa, ese paladín de la justicia, el orden y complacencia según convenga, se mesa los cabellos y alega ignorancia.
Aquí nadie sabía nada.
La cosa no durará mucho porque conviene evitar males mayores y no marear la perdiz.
Pero la amenaza está ahí, con o sin Von der Leyen y volverán a las andadas, con el pueril pretexto de una visita a Argel o con cualquier otro que se les ocurra.
Estamos más solos que la una y lo saben.
Pero esto que cuento es sabido y no hay que insistir en lo obvio.
En plano de política nacional, sí creo que es conveniente plantearse una revisión del texto constitucional, que, ya muchos juristas y políticos sugieren o demandan abiertamente.
La indignación del Rey que reclama al Estado, mayor implicación en la seguridad de la nación, da la sensación, al menos a mi, de que estamos empezando a vivir una suerte de estado distopico y casi aceptado.
Durante la Transición los medios de comunicación en una perfusion incesante nos hablaron con delectación de que vivíamos en una república coronada.
Era una manera sutil y subrepticia de conformar a tirios y troyanos, para que todos tuviéramos encaje.
Yo creo modestamente que sí hay que revisar la Constitución de 1978, y en ese estudio prospectivo, presentarse la necesidad o no, de dotar a la Corona de poderes ejecutivos.
Los presidentes de las dos Repúblicas españolas tuvieron esos poderes si bien los resultados no fueron precisamente halagüeños.
En puridad, parece lógico que los méritos reconocidos, académicos, intelectuales, de intachable probidad etc, deben exceder a los derechos de sangre dinástica.
El problema quedaría en parte resuelto por la vía de los hechos. Un monarca con ciertos poderes ejecutivos pondría de manifiesto la bondad de la monarquía si al ejercer aquellos, resultara eficiente, eficaz, y honrado, él mismo y su entorno familiar y social.
El artículo 8º de la Constitución podría ser una piedra de toque, o la libertad personal a la hora de decidir sobre problemas de conciencia.
Los Estados Unidos y los ya manidos padres fundadores dieron al presidente de la República, poderes en casi todos los ámbitos y en uno fundamental como es el ejercicio de la fuerza como comandante en jefe.
Lo del ejercicio de la fuerza, que puede parecer un dislate político, no es más que un concepto del mismo ámbito por el que la sociedad en su conjunto cede el monopolio coercitivo a sus representantes legales, gobierno y jefatura del Estado.
No duele la indignación del Rey, duele que se empiece a considerar a este como un instrumento político, caduco y sin cometido concreto en aras del bien común.
Si se quiere sostener la monarquía, se debe plantear una nueva visión por la que se reconozca la acción real, se la pondere y se la apoye.
Las Repúblicas fueron un desastre y los siglos de gloria lo fueron con magníficos reyes, salvo las inevitables excepciones.
Pero aquellos que confunden lealtad y disciplina, con ausencia de crítica, están haciendo un flaco favor a la institución y por contra, hacen el caldo gordo a los enemigos de la propia monarquía y muchos de ellos, de la nación, y del Estado.
Creo que la tan mentada revisión constitucional, debe comprender, bajo mi punto de vista, ciertos poderes ejecutivos y como mínimo, la abstención real en asuntos de conciencia.
Un Consejo de Estado quizá con consejeros designados por el mismo Rey le auxiliaría en asuntos de gran calado.
A algunos esto les parecerá una utopía reaccionaria, no lo sé.
Que se pronuncien los constitucionalistas, pero por favor que abandonen la filosofía política y desciendan al campo de lo real.
Depositar tanto poder en un monarca no puede provocar el mismo rechazo que un presidente a la deriva al que no parece sino que ciertos asuntos le son ajenos.
Y al Rey, antes de otorgarle esos poderes ejecutivos, habría que recordarle la Jura de Santa Gadea.
SM está indignado y es natural que así sea, y creo que los españoles de buena fe le acompañamos en esa indignación y aportamos además, una inmensa tristeza.
Felipe Garcia Casal. Coronel ( R )
La indignación del Rey ¿que reclama al Estado?
Pero como… ¿no es el Rey el Jefe del Estado?
La Constitución, como la jodienda, no tiene enmienda.
O tiene enmienda a la totalidad.
Su origen es espúreo.
Se fundamentó en una “Ley para la Reforma política” que ocultaba la Ruptura pactada por la Corona a espaldas del pueblo español… por la propia Corona con los enemigos de España y de la Corona.
¿Que otro resultado cabría esperar?
Lo que estamos viviendo.
La metástasis del cáncer del 78.
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👍👍👍
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Gracias Lorenzo
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