Amigo Rafa

No tengo nada especial que añadir a tu muerte, porque llevo muchos años hablando de ti y maldiciendo el silencio ominoso al que te han sometido los periodistas que establecían categorías entre los asesinados.

Tú estabas vivo, mejor dicho, la mitad de ti, pero silenciaron tu tragedia porque convenía sostener el teatro macabro en que se iba convirtiendo España.

Había asesinatos y mutilaciones admitidos, como si una macabra ventana de Overton, se hubiera abierto, para que a través de ella cupieran todas las sensibilidades y encajes.

Teníamos que sostener ese cenagal falsario que eran las libertades que nos hemos dado y el teatrillo de una democracia que nació tarada y a la que ahora se ve declinar.

Los brujos de laboratorios mefíticos acuñaron lo de víctimas civiles y mi pueblo, del que yo asqueado me despedí, asumió como algo razonable ( Overton) que la gente de uniforme eran una anomalía social y que por tanto su desaparición física o moral ( Rafael Villalobos) formaba parte de la táctica que nos llevaría al paraíso de la paz y armonía perennes.

Siempre que, con razón, se ensalzaba la entereza moral de Irene Villa, o se recordaba con las manos blanqueadas para la ocasión al joven concejal de Ermua, yo te recordaba a ti, compañero, en un intento inútil de que el pueblo español, admitiera que la muerte, el asesinato, las mutilaciones han de ser igualmente rechazadas, y no utilizadas por aquella cohorte de lameculos que adoraban al santo por la peana.

A la patria por el Rey, olvidando aquel compendio de sabiduría y lealtad bien entendida: al Rey la vida y hacienda se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios.

Alguien del mundo del teatro escribió una vez, malditos los que han echado a la gente al bingo, yo parafraseo y digo: malditos políticos y periodistas que en simbiosis perversa, han ocultado el sufrimiento de unos y ensalzado el de otros.

Que foto tan bonita Rafa, en tu silla de ruedas, impecablemente vestido y acercándote a la Bandera.

Creo que en nuestro querido patio de armas, un atronador silencio fue el emocionante homenaje que tus compañeros pudimos tributarte.

Hasta siempre compañero, me duele en el alma decirte que no sé si España vale tus piernas, y tampoco si te merece.

En cualquier caso y por siempre, Viva España!!!!

Felipe García Casal Coronel (R)

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