Hay héroes de todo tipo, y antihéroes. De estos últimos yo conocí a uno que confesó sin asomo de vergüenza que había dictado contra derecho cuando ejercía como juez en Vascongadas en los años de hierro.
Y digo Vascongadas a sabiendas.
Hizo un pequeño alegato tratando de justificarse y solicitando comprensión. Le iba la vida en ello.
Bien es verdad que además el miedo se veía agravado porque a un hermano suyo lo había asesinado ETA en Madrid.
Este juez podría ser el arquetipo de antihéroe, sin entrar en consideraciones peyorativas, aunque tampoco laudatorias, por supuesto.
Dictò “contra legem” y será el Supremo Juez quien dilucide si hubo prevaricación atenuada por “miedo insuperable” o simplemente se curó en salud y nunca mejor dicho.
El Supremo Juez, porque el CGPJ o no se enteró o sufrió un ataque de corporativismo protector.
Y ahora vamos al título de este artículo.
Atticus Finch, es un abogado protagonista de la magnífica novela de Harper Lee, “Matar a un ruiseñor”. Fue inmediatamente llevada al cine y protagonizada en su papel principal por Gregory Peck. Magnífica interpretación, doblajes, ambientación etc.
A Finch le encargan la defensa de un hombre negro al que acusan injustamente de violacion , en un pueblo todavía racista.
Atticus Finch , a regañadientes, acepta el encargo y su vida cambia radicalmente. A peor, claro.
Pero cumple con su deber y descubre al violador y salva al negro injustamente acusado.
Atticus Finch es la nemesis del juez citado al principio de este post.
No puedo evitar ver al juez García Castellón como el alter ego de Finch. Y a España como el negro indefenso.
García Castellón se ha echado a España a sus espaldas, porque la ley de leyes que constituyen sus cimientos legales, se está difuminando, diluyendo.
Lo están empezando a triturar, a caricaturizar, a anatematizar. Pero, nuestro juez, el del pueblo, el de la Fuenteovejuna de siempre, sigue adelante como los héroes de verdad, con tenacidad, con continuidad, sin tirones viscerales y efímeros como los del otro García. Page.
Castellón , a tenor de lo que leemos, descubre que lo de Barcelona fue terrorismo y por ahí, por esa senda incómoda y peligrosa, ha tirado.
Y muchos se lo agradecemos. Supongo que los policías mutilados de por vida, también.
En los viejos manuales de estudio del terrorismo se acuñó el concepto de “ terrorismo de baja intensidad “. Es decir si no hay muertos ni bombas es un terrorismo “cuqui” como alguien ha apuntado recientemente. Pero los conceptos gramaticales no son en absoluto desdeñables y nos dictan que lo importante es el sustantivo y lo menos importante es su calificación. Primero e indubitable, terrorismo.
Veremos qué recorrido tiene la magnífica instrucción de nuestro juez de anchas espaldas y menudillos como el caballo de Espartero.
Lo tiene muy difícil : los periodistas del pesebre y toda la maquinaria sanchista están con los cuchillos entre los dientes.
Le deseo , que como Atticus Finch , tenga éxito. Por él mismo y por el bien de España.
Felipe García Casal. Coronel de Infantería ( R )
